viernes, 8 de junio de 2007

El Anochecer, la Escena Perfecta para dos Jóvenes Inmortales de la Oscuridad

La fría luz de la luna bañaba el ataúd en el que me encontraba apoyada. Aquella misma luz que traía lágrima de sangre a mis ojos, la poca sangre que quedaba en mi cuerpo después de pasar días sin haber cazado ni la más pequeña presa. Me gustaba ver la luna, las estrellas. La noche era mi refugio, aunque a veces desearía volver a ver un amanecer, sin preocuparme por esconderme del sol para no morir convertida en cenizas. Esta vez era diferente, con cada anochecer en el que despertaba, los recuerdos de la última luna llena venían a mi mente, el momento en que lo conocí...
Esa noche yo vagaba en busca de mi víctima. Encontré al objetivo perfecto: un joven que caminaba con paso firme, a una calle de donde me yo estaba. Lo seguí por largo rato hasta llegar a las afueras de la ciudad. Me escondí en las sombras para que no me notara. Pero algo raro sucedió, en cuanto los rayos de luna tocaron su piel, pude verlo claramente, percibir su olor que no parecía humano. No lo era. Comenzó a sufrir una transformación. Sus ropas se rasgaban, sus extremidades se convertían en patas, su cabello crecía descontroladamente por todo su cuerpo. Era un hombre-lobo. Era lo más hermoso que había visto en mi vida. Podía oír sus aullidos mientras se dirigía a un bosque cercano. No pude resistirme y lo seguí. Tenía que verlo un poco más. Lo necesitaba. Era un extraño sentimiento. Quería tenerlo cerca de mí, sentir su sangre corriendo por mis venas, dándome la vida que debía obtener cada noche para seguir en este mundo.
Creo que esa noche encontré lo que tanto había buscado. No tomé su vida porque no quería que algo tan hermoso dejara de existir. Esa noche algo se despertó en mí. Algo que nunca pensé que sentiría, y no supe lo que era exactamente hasta que lo vi por segunda vez.
Estaba a punto de cazar mi primera presa en 3 días, la sed casi no me dejaba pensar y mis sentidos estaban muy alerta. De pronto, percibí en el aire un olor familiar, mezclado con el dulce aroma de la sangre fresca. Dejé todo lo que hacía en ese momento y seguí aquella mezcla aromática que me embriagaba. Lo vi detrás de un árbol, estaba transformado... y herido. En su oscuro pelaje relucían unas manchas rojas que reconocí de inmediato como la sustancia que me salvaría de la locura, que salvaría a las criaturas vivas de la masacre que sería capaz de dejar una vampira como yo tras estar largo tiempo sin alimentarse de sangre. Me acerqué sigilosamente a él, pero creo que notó mi presencia. Vi junto a él el cadáver de un hombre que tenía aun en sus manos un arma que había sido disparada. Lo supe porque vi los rastros de una bala de plata en la corteza de un árbol cercano. La herida del hombre-lobo no era grave al parecer, pero quería asegurarme, quería ver su rostro. Su expresión era de miedo... no quería morir. Llegué a su lado y le acaricié la cabeza haciéndole entender que no lo dañaría. Mis labios tocaron su herida, y bebí de su sangre, entregándole el don de la vida eterna, mientras se dejaba caer entre mis brazos y su mirada reflejaba el brillo de la luna.
Descubrí que lo que sentí la primera vez era algo humano.
A pesar de haberlo convertido en un híbrido mitad vampiro y mitad hombre-lobo, una extraña conexión nació entre nosotros, unas criaturas de la oscuridad, creo que a eso se le llama amor. Aquel sentimiento humano que ninguno de los dos debería ser capaz de sentir. Pero ¿qué es el amor sino una simple palabra? Lo que de verdad importa es el lazo de unión que esta palabra implica, y que es tan importante como la delgada línea que divide a la vida de la muerte.