Un disparo resonó por todas partes, y aquél que lo hizo huyó para no ser descubierto. Un joven se acercaba al lugar, y al escuchar ese horrible sonido, corrió lo más rápido que pudo. Al ver tal escena, las flores que llevaba resbalaron de su mano. Cayó de rodillas junto al cadáver de su amada. La tomó entre sus brazos, apretándola contra su pecho mientras lágrimas de sangre brotaban de sus ojos formando un gran charco. El sentimiento de haber perdido al ser amado se hacía insoportable, parecía increíble... El solo se aferraba a ella como si aun estuviera viva, pensando que tal vez estaría dormida o que solo era una broma, pero al no sentir su corazón latir junto al suyo se dio cuenta de la verdad. La abrazó y besó sus labios por última vez, en señal de una triste despedida. Se levantó del suelo con ella aun entre sus brazos, caminó lentamente hacia la orilla del acantilado donde solía reunirse con su amada, miró las flores manchadas de sangre, y luego de eso saltó al vacío.
Sus cuerpos no fueron encontrados, pero sí las flores y la sangre...
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